Hace muy poco me creí de cristal y también quise dejar caerme para ver si podía romperme completa y alguien me ofreció esta canción.
When the planets stop spinning and the music stops, Take a deep breath in, let your life fade out, with everything else, you'll fade into the horizon.....
25.6.14
El hombre de barro.
Hace muy poco me creí de cristal y también quise dejar caerme para ver si podía romperme completa y alguien me ofreció esta canción.
Caperuza...
19.6.14
El ancla.
Me fui un año de mi ciudad porque estaba harta. Harta de todo y de todos. Creía que si no me iba, terminaría odiando al lugar que me vio nacer y de un momento a otro ya estaba en Ciudad Metrópoli; que tanto me enseñó, que tanto me dio y que nada me quitó. Viví una vida fácil y prácticamente cómoda; un buen sueldo, buenas personas, buen lugar para vivir, buen trato de aquel que me topara, todo fue bueno. Pero también me quise comer mi año de una mordida y me excedí en muchas cosas. Mismas que no me dan orgullo de reconocer, mucho menos mencionar, pero todo recayó a eso: excesos y despilfarros. Un día desperté harta de estar en DF, no despreciando la ciudad sino despreciándome a mí; por lo que era, por lo que me había convertido, por lo que había permitido que me hicieran y por lo que yo había hecho. Fue un 7 de octubre, lo recuerdo porque era el cumpleaños de mi padre y yo, después de tres días de fiesta, desperté inconsciente, en un lugar donde no sabía dónde estaba y con gente que no conocía porque mis conocidos no sé en qué cuartos estaban tampoco. Me fui a mi casa -de aquel entonces- tomé 4 pastillas para dormir y desperté al día siguiente. Entonces vi la cortina verde que quedaba de frente al lado del que dormía, el escritorio viejo, las cosas que estaban sobre él y me puse a llorar.
Ahí decidí que ya no quería estar ahí, quería cualquier lugar, el que fuera, pero ya no más Ciudad de México. Sentí lo mismo que cuando me fui de mi tierra; que si no me iba ya, terminaría odiándolo y yo no podría hacerle eso a un lugar que me abrazó de tal manera como si me hubiera parido, pero no, yo tengo otras raíces. Duré cerca de media hora llorando frente a la cortina verde, pensando en que ya no quería esa vida y recriminándome todo lo que había hecho y dejado de hacer. No estaba arrepentida, eso es para cobardes y suficientes sustos he tenido como para acobardarme por algo así, sólo estaba triste por verme como me vi, sentía pena y lástima por mí. A partir de ahí todo fue tristeza y desesperanza porque quería volver a donde fuese, excepto a la colonia Anzures todos los días. No podía hablar con mi familia porque mi voz se quebraba, no podría hacer videochats con ellos porque las mamás tienen esa condición que raya en lo sobrenatural para identificar cuando algo no está bien con sus hijos. Y lo supo.
Al siguiente fin de semana encontré a mis papás afuera de mi casa esperando a que despertara, para mi buena suerte ese día no salí como acostumbraba, estaba harta de la fiesta, de la gente, de todo. No, estaba harta de mí, más bien. Los vi y me puse a llorar, sabían que algo pasaba.
En mis días previos a que llegaran mis papás, platiqué con mi jefe laboral y le dije cómo estaba la situación; como nadie -ni yo- imaginamos, dijo las palabras que me devolvieron las ganas de respirar otra vez: "Mira, nuestro trabajo es prácticamente estar conectados, en todos los aspectos, te veo y no estás bien, después de febrero puedes irte a trabajar a donde quieras". Me volvió el alma, exista o no, al cuerpo.
Un día, llevé a mis papás a una cantina de mala muerte para que conocieran lo bonito de la ciudad. Esa vez, iríamos a festejar el cumpleaños de lo que se volvió mi ancla, mi fuerza y mi todo para que yo pudiera estar lo que restaba de tiempo allá. Dejé a mis papás, se fueron a mi casa y yo me quedé con mi ancla.
Según planes, varias personas asistirían pero al final sólo fuimos él y yo. Le llevé un regalo pequeño pero lo mandé hacer para él, fue bonito. Nunca estuvo en mi línea de vida liarme con él, ni siquiera sabía si iba a tener de qué platicar habiendo faltado todos. Ya estábamos ahí y empezamos a tomar y hablar, y fluyó y fluyó la conversación, nadie la encaminó a nada, ella tomó rumbo sola. Resultó que era más interesante de lo que alguien podría imaginarse y pues...me fui de hocico.
A partir de ahí empezamos una relación, yo me sentía orgullosa porque al fin estaba con un hombre, porque eso es, un hombre en todos sus aspectos. Cuando hay admiración; hay todo. Y yo no podía dejar de verlo, de oírlo, de atenderlo, de preocuparme y de tratar de hacer lo posible porque estuviera bien. Todo de lo que hablaba le apasionaba, aprendí tanto y me sentía tan estúpida cuando él hablaba, sentía que no sabía nada, era una hoja en blanco. Teníamos miedo porque sabíamos que yo me iría pero tratábamos de no pensar en eso. Al final de cuentas el día llegaría y tendríamos que enfrentarlo. Pero mientras llegó, no puedo alegar nada en contra suya, nada. No puedo decir que fue perfecto porque nada lo es, pero hizo que amara más todo y aprovechara mi tiempo allá. Me quiso, lo quise, nos quisimos.
Se llegó el día de que me fuera y sí, me dolió mucho. Imagino que a él también, o eso quiero pensar. Quedamos en intentarlo a la distancia. Yo no pude.
Sin más detalles de los que ya he dado, que son bastantes, traté con todas mis ganas de seguir pero no, en verdad no pude. No fueron falta de ganas, ni de cariño, ni de querer, no fue nada de eso. Estaba en un mal momento y lo estaba llevando conmigo entre mi miseria. Él merecía todo, menos que alguien como yo lo tuviera con esa zozobra.
Un domingo se inició el tema y de ahí explotó todo. Errores de percepción de parte suya. Yo estoy segura de lo que sentí pero no puedo lidiar con sentimientos ajenos, y con los días, aprendí que tampoco era mi culpa. Cuando quieres tanto a alguien que le deseas lo mejor y sabes que, al menos en ese momento, tú no lo eres, no queda más remedio que quitarte y no seguir truncando caminos que no vas a ayudar a hacer más firmes.
Tapé un duelo con otro. Dejé de llorar por mi ancla, que ya no era mía, para comenzar a llorar por un duelo verdadero: la muerte de mi primo que tenía varios años vegetando.
Dicen que un dolor sólo se tapa con otro más fuerte y mi nivel de persona adulta sólo quiere otro tatuaje para recordar, y ya no, todo lo que pasó entre mayo y junio del 2014.
Un día escribí un tuit' que decía más o menos así:
Lo sigo pensando. Quiero pensar que fui una liana para que él volviera a creer. Y que recuerde que no todo lo que hice fueron cosas malas, nada que lo lastimó lo hice a conciencia, tampoco voy a seguir defendiendo un punto que tengo bien claro.
Y hasta siempre.
7.6.14
Ahora es brisa; ahora es paz.
Ayer; yo en mi estupidez de ser egoísta y sentirme triste -por idioteces-, tuve un pensamiento: hoy amanecí como con ganas de no estar, me dije.
Luego me hablaron por teléfono para decirme que él estaba grave. Fui a comprar tres cervezas y, como ya no quiero llorar, me puse a platicar con mi abuelo -el muerto-, a Dios, al limbo, al Diablo, al unicornio azul, al ratón de los dientes, a todo lo inexistente o inventado, a todo lo inanimado o a todo lo que necesitaba agua, aunque seguí platicando con mi abuelo, que es el único que a veces me responde. Le pedí, le rogué, le supliqué que lo ayudara a pasar y como siempre, lo hizo. Brindé por él y por su nueva muerte, porque vida ya no es, le di gracias por lo compartido y le dije en voz alta "estamos bien, estarás mejor. Hoy es el último día que respiramos el mismo aire".
Descansa en paz, mi niño. Ya no despiertes, aquí hay mucha mierda, que bendigo a lo que sea, no te tocó ver y no serás testigo de lo que siga.
Gonna rise up, burnin' black holes in dark memories.
En otro plano, en otro espacio, en otros sueños y en otras risas nos volveremos a ver. Yo ya no puedo llorarte porque para mí estás bien. A veces hay que ser egoístas con uno, tragarse el dolor y pensar en que el otro va a 'estar mejor'. Me da gusto que hiciste de tu vida lo que te dio la gana, algo que muchos no nos atrevemos. Hasta luego y para siempre. Gracias.
In another life, when we are both cats. Te quiero, muchacho.
27.2.14
Entre la Ciudad Verdugo y el amor de cuatro paredes.
6.2.14
Éso.
El mejor amigo de mis papás tiene cáncer.
- Hola pa', nada más hablo para que me des la mala noticia ¿quién murió?
- No hay noticias de esas hoy hija, te falló. Qué bueno.
Ayer hablando con mi papá.
Soy ave de mal agüero, dicen en mi rancho.
Una ansiedad de muerte no me dejó respirar bien ayer; comenzaba a hacerlo desde el pecho y no del estómago; mi mano izquierda estaba dormida; no dejaba de vomitar y sentía éso. Éso que siento cuando sé que viene una mala noticia; el hueco en el que meto mi puño a la altura del corazón para apaciguar sus latidos cuando llevan prisa. Éso que me obliga a jugar Tetris porque en mis maneras poco ortodoxas de perder mis pensares está el acomodar cuadritos hasta romper mis propios records. Éso que me hace escuchar una canción con 20 instrumentos hasta identificar el sonido de cada uno cuantas veces sea necesaria. Éso que me gusta hacer y no. Porque cuando lo hago sé que es por la misma razón de siempre: irme de mí.
El estado zen de estos últimos días no viene con el instructivo de qué hacer en caso de que sepas que la muerte de alguien a quien quieres desde que recuerdas está merodéandolo. Sólo ves una mancha negra que se disipa entre los baos humanos en medio minuto; sabes que está cerca. Quizás sí o quizás no. Tal vez sólo vino de visita y hace un estudio de tiempos y movimientos. A lo mejor sabe que a veces es necesaria su presencia para acomodar ciertas cosas que no encajan. O puede ser que esté respirando en mi hombro; se acueste en el lado vacío de mi cama o me acaricie el pelo mientras duermo. Aunque no sea yo su objetivo me sabe débil y quebrantable. Sabe que si a algo le temo no es a la muerte en sí sino a la ausencia póstuma. Sabe que mi estabilidad emocional es tan fácil de romper como poner a un montón de chiquillos a jugar en una cristalería. Sabe que me está poniendo a prueba. Sabe que la palabra cáncer no me gusta ni en el zodiaco.
- Hola papá, ¿Cómo está? ¿es puto cáncer verdad?
- Sí, mhija'. Cáncer de próstata.
La llamada de hoy.
Soy ave de mal agüero, dicen en mi rancho. El mejor amigo de mis papás tiene cáncer.
El compañero de toda la vida de mi mamá al que sólo le lleva dos años de diferencia; su confidente; su hermano; el hijo de mi abuela; mi tío; el señor bonachón al que quieres hubiera o no lazo de sangre tiene cáncer y yo tengo una necesidad muy cabrona de jugar Tetris.
29.1.14
I think i'm doing ok, dice la canción y yo le creo.
I think i'm doing okay, and this is the smile that i've never shown before…”
Gracias.
31.12.13
Bienvenida al resto de mi vida.
Bienvenida a los treinta, estoy casi seguro que tu cabeza ahora mismo es una explosión de ideas y miedos y es por eso que me siento con la obligación de explicarte que es lo que pasará en tus dias que vienen:
ESTÁ BIEN CHINGÓN TENER TREINTA PINCHES AÑOS, todos los errores que has cometido hasta ayer se convierten en sabiduría y ahora es más fácil decir "JA! PENDEJOS! YO YA PASÉ POR ESO, QUE LES VAYA BIEN", te conviertes en una especie de Gandalf con el atractivo sexual de Brad Pitt, no se por qué pero simplemente ocurre. También la vida es más sencilla y divertida porque los treintañeros no estamos interesados en dramas, por lo que simplemente nos alejamos de las fuentes de problemas innecesarios y absurdos porque ya nada es mas valioso que la paz mental para nosotros.
Quizá el único problema es el cuerpo, ahora tienes que cuidarlo mucho más porque la flexibilidad y esas cosas de las que disfrutábamos a los 20's poco a poco se van a ir y ahora una pequeña desvelada te dura casi toda la semana o una cena pesada te cobrará factura a la mañana siguiente. Los 29 años son el "colador" de fantasías pendejas de los 20's y cuando llegan los 30 te queda la bella realidad, esa inexplicable y absurda realidad donde todo es caos e injusticias y te hace decir "NO MAMES! ESOS MORROS SE ESTÁN DROGANDO A LAS 2 DE LA TARDE!" y a la vez te hace decir "ALV LO QUE NO SIRVE"
Son muchas cosas chingonas las que te esperan..."
24.12.13
Bienvenida/welcome
Tratas de ignorar que estás a 7 días de cumplir 30 años y de repente uno de tus amigos te recuerda uno de los monólogos de una de las pocas películas mexicanas que te gustan y te dan en la madre...
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Bienvenida a los 30 vieja...
En el fondo, no hay nada que hacer. Siempre tendrás dieciocho, porque eres joven sólo una vez, pero inmaduro para siempre. No hay instrucciones para cumplir treinta. Pero si las hubiera, serían estas:
- Haz una lista de todo lo que no te gusta de ti y luego tírala. Eres el que eres. Y después de todo, no es tan malo como te imaginas un domingo de cruda.
- Tira el equipaje de sobra. El viaje es largo, cargar no te deja mirar hacia delante. Y además jode la espalda.
- No sigas modas. En diez años te vas a morir de vergüenza de haberte puesto eso, de todas maneras.
- Besa a tantos como puedas. Deja que te rompan el corazón. Enamórate, Date en la madre, y vuelve a levantarte. Quizás hay un amor verdadero. Quizás no. Pero mientras lo encuentras, lo bailado ni quién te lo quita.
- Come frutas y verduras. Neta, vete acostumbrando a que no vas a poder tragar garnachas toda la vida.
- Equivócate. Cambia. Intenta. Falla. Reinvéntate. Manda todo al carajo y empieza de nuevo cada vez que sea necesario. De veras, no pasa nada. Sobre todo si no haces nada.
- Prueba otros sabores de helado. Otras cervezas, otras pastas de dientes.
- Arranca el coche un día, y no pares hasta que se acabe la gasolina.
- Empieza un grupo de rock. Toma clases de baile. Aprende italiano. Invéntate otro nombre. Usa una bicicleta.
- Perdona. Olvida. Deja ir.
- Decide quién es imprescindible. Mientras más grande eres más difícil es hacer amigos de verdad, y más necesitas quien sepa quién eres realmente sin que tengas que explicárselo. Esos son los amigos. Cuídalos y mantenlos cerca.
- Aprende que no vas a aprender nada. Pero no hay examen final en esta escuela. Ni calificaciones, ni graduación, ni reunión de exalumnos, gracias a Dios. Felices treinta, viejo. Bienvenido al resto de tu vida.
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A veces me llamo Viviana, pretendo ya no postergar aprender italiano y uso bicicleta cada vez que puedo; tomo mis caídas con filosofía porque me gusta pensar que siempre me levanto y logro sanar las heridas de cada una.
Bienvenida al resto de mi vida.
18.12.13
A mis 9; a mis 21; a mis 30.
No me dejan dormir estos casi treinta años que traigo encima.
Siempre me creí tan única, tan auténtica, tan nadie como yo o yo tan como nadie, que pensé sería inmune a esa cosa llamada crisis de la edad de lo que he dado fe que les ha golpeado a muchos. "Es sólo un día más; una fecha más; un año más", me repito. Y es que todos los días son únicos, nunca he sido devota de celebrar cumpleaños porque en todo caso, creo, debería celebrarse o llorar o lo que hagas cada día de igual manera.
Según los que no me conocen aparento menos edad; pienso igual y me comporto peor. Hace mucho que ignoré a la vergüenza, 24 años más/menos, cuando supe su significado. Por eso el ser infantil y no tener empacho en mostrarlo no me es difícil.
Cuando era niña, jugábamos siempre los mismos roles entre las vecinas de mi calle; yo era la hermana de 21 años que, como me parecían muchos, daba por hecho que tendría una vida hecha y lista para morir porque, se supone, que ya tenía todo lo que hubiera querido. Claro que no tenía noción del tiempo ni del espacio y llegar a esa edad me parecía muy lejano.
No fui una niña profeta.
21 años. No era la profesionista consagrada que la 'yo' de 9 visualizaba en sus juegos. Ni siquiera sabía que estaba haciendo con lo que llevaba de vida. Estaba estudiando mi segunda carrera -que no me gustaba-, no tenía el novio perfecto, vivía en casa de mis papás y emocionalmente estaba cuasipodrida por la noticia que cambió mi todo.
22... 23... 24... 25... Me proclamo reina del autoboicot de la década.
26... 27. Tuve al amor de mi vida: mi bar. Por z's razones tuve que cerrarlo. La salud mental es intangible pero es la que más fácil se rompe; yo ya no podía con eso.
28; despilfarro y ociosidad, a nadie le va mal un tiempo en el aire, sin rumbo, flotando.
29; otro de mis amores de la vida: DF. Mi amor a distancia porque así será; lo amo pero no podemos estar juntos.
A mis 29 todo iba normal hasta hace algunos meses cuando desperté pensando en que cuatro sílabas se resumirían a dos al mencionar mi edad. Entonces empecé a ver con lupa el mínimo detalle de cambio en mí. Mi primera cana, tres en todo el año, las ojeras se acentúan, arrugas aunque a veces creo que me las invento, dolores musculares y en partes que ni sabía que existían, cansancio extremo (ya no aguanto cuatro días de fiestas), preferir quedarme a ver películas los fines de semana que buscar socializar, entre otras muchas cosas.
Sería imposible poder enlistar importancias en tanto tiempo; necesitaría hacer diagramas de árbol para hacer mi relación año/suceso por mes y me llevaría el doble de los que estoy por cumplir.
Estoy bien. Voy a estar mejor porque qué triste debe ser estancarse en tu propio tú. Sigo siendo la adulto que se rehúsa a crecer, o a madurar, da igual. La que grita, la que llora y luego ríe, la que se burla de la pena ajena porque sé que lo harán cuando yo esté en el otro lado, la que canta, la que se pone histérica cuando hay mucha gente, la que ronca cuando duerme mal, la que siempre trata de hacer que los demás rían, la aprehensiva, la nerviosa, la que babea porque le hace falta un cambio de empaques, la irrespetuosa, la pinche vieja, la hermana, la tía, la hija, la amiga, la que finge un desmayo para romper la tensión, la que no come y no duerme en días, la preocupona, la que da consejos sin aplicarlos a su vida, la hostil con los hostiles, la que no quieres que sea o esté. Soy todo eso y más.
No hay lista pero no puedo quejarme; no debo arrepentirme y no quiero cambiar nada de lo bueno o malo que he hecho porque, a final de cuentas, todo ha sido la reacción de alguna acción que yo elegí. Está conmigo quien debe estar y estoy con quien me permite que sea recíproco. Me gusta mi trabajo y lo mejor ¡Me pagan por hacerlo!, y viene más para 2014, a eso se le suman más proyectos que espero se logren y diversificarme sin dejar el campo en que estoy. No tengo una casa que sea mía pero el hogar lo hace uno mismo, ya sea una casa rentada o donde more uno. Tengo mi música, mis fotografías, mis libros y todas las imágenes que no son mías pero las traigo en la mente y creo que en parte ya las robé. Nunca me he quedado con las ganas de nada y lo que podría ser aún no lo considero en los hubiera', simplemente un stand by. Tengo mucho. Más de lo que mi 'yo' de 9 años esperaba, o mejor, cosas completamente distintas a lo que creía que sería.
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Y a ver qué me espera; ya estaré el próximo diciembre escribiendo sobre eso.
Feliz casi cumpleaños, Sandra de casi 30; sigue haciendo lo posible para que tu Sandra de 9 años no sienta lástima de lo que se convirtió al ser adulta.
"And i feel like i can face the day, I can forgive and i'm not ashamed to be the person that i am today..."
Son las 5:23 am, hoy vamos a dormir, Sandra niña. Siempre te voy a cuidar.
Más importante que llamarse Ernesto, es elegir la banda sonora de tu vida.
