2.9.13

Un puñado de coincidencias.

Escribí una entrada sumamente larga y a Blogger se le hinchó no guardarla, ni publicarla. Nada.

El punto es que me caí de la bicicleta mientras escuchaba Un Puñado de Coincidencias frente al único puesto de dulces que había en un largo tramo. Vi el pasto y las hojas secas a la altura de mis ojos porque puse las manos y no alcancé a irme de cara; la bicicleta cayó del lado del asfalto y tres señoras se acercaron a preguntarme si estaba bien, buscando si no estaba sangrando, y a un policía para que me llevara con alguien a que me revisara. Todo fue muy rápido. Me torcí la canilla y el tobillo izquierdo sin poder apoyarlo bien. Tardé unos minutos en recobrar la conciencia que no había perdido pero me sentí algo desubicada. Una de esas señoras me persignó y dijo que no estaba sola, supongo notó mi acento.

Seguí avanzando aunque en verdad dolía todo. Me estacioné, saqué mi libro, mis lentes y mi termo y me recargué en un árbol. Irónicamente, empecé a leer Morir Más de una Vez; un día antes de un aniversario que quisiera no recordar pero ya está en mi cabeza y no puedo desecharlo todavía. El puñado de coincidencias.

Después descubrí la pierna, le eché agua porque estaba aterrada, al momento de hacerlo, cayó un pedazo delgado de piel -hacía tres meses que me caí por mi culpa y la de un tacón en el lodo-, yo decía que cada que doblaba la rodilla sentía que se abriría de nuevo la herida; me respondían que eran mis nervios. Al ver cómo se desprendía esa capa cutánea me di cuenta que también el cuerpo puede ser hipócrita: era una cicatriz falsa.

Ignoré el dolor un rato y sólo me quedaba pensar en cuántas cicatrices falsas he de tener, o hemos, para pensar que una herida está sanada. Cuántos perdones no son sinceros o cuántos recuerdos hemos tapado con una capita de piel haciéndonos creer que está regenerada. Todo se metaforizó'.

Me levanté después de dos horas. Ya no podía pero estaba a tres minutos de casa. Me dolía caminar por el tobillo torcido y pedalear por los raspones. Un tránsito o policía, no recuerdo, preguntó si me pasaba algo. "Me caí hace un rato pero ya casi llego a mi casa, gracias", no había tráfico y me ayudó a cruzar la calle, luego me dijo "con cuidado, hija, Dios te bendiga". Le sonreí y seguí pedaleando.

¿Qué hacía yo con dos bendiciones de desconocidos en un sólo día? ¿explotar? Gracias, nada más.

Parecía que, aunque se rumora fue estrepitosa mi caída, todo estuvo donde tenía que estar para que no pasara a mayores. Causalidades; no casualidades. Un puñado de coincidencias (?)

Lo que a la gente le falta es caerse de la bicicleta más seguido; recibir bendiciones y ayuda de desconocidos y descubrir si sus cicatrices son falsas para ver si en verdad hemos perdonado o sólo estamos lleno de capas hipócritas para hacernos creer que todo está bien.

Esa canción tan coincidente con todo mi día. Ya me hacía falta.

30.8.13

TOC TOC... ¿quién es?

"Feels like I'm falling
I've been falling for a mile.
Took time to realise
I've been falling for your smile.
Love's a cliché..."

Recientemente vi un video con su respectiva traducción de un tipo con TOC -que no recuerdo si es o no escritor- en el que recita un poema de su autoría donde prácticamente narra su forma de ver el amor desde la perspectiva de alguien con un trastorno mental.

Muchas fueron las reacciones que provocó el mismo en las que a unos nos partió en pedacitos mientras otros, me imagino lo vieron desde el punto de vista profesional, refiriéndome a los conocedores del arte de escribir, les pareció soso, predecible y hasta pretencioso, llegué a leer.

Puesto que yo carezco de conocimiento en lo que al mundo escribano respecta, me dejé llevar ya sea por el sentimentalismo, la proyección o hasta la expresión del autor cuando declamaba su poema volviéndome un charco de lagrimas en un video de pocos minutos.

Entonces me entró un miedo terrible de ya no volver a escribir por las críticas tan duras que podría recibir (aunque no me dedico a esto) y pensé en no hacerlo más. Que lo que escribí alguna vez ahí se quedara para sentir que alguna vez escribí para mí y no para los demás.
Y me atacó la duda de si todos los que sufren de alguna enfermedad, alguna deficiencia del puto cerebro que se deschabeta' a los 21 y deben aprender a lidiar con ello; y esconderse para no lastimar a quienes quieren; y sedarse para no lastimarse a ellos mismos; y aprender a fingir para que nadie pregunte; y poner las manos bajo la mesa para que el interlocutor no vea que se está rasguñando las manos de ansiedad; y tener que decir que son muy imaginativos para esconder sus alucinaciones; y tener que ir al baño para poder golpearse las sienes sin que nadie les diga nada cuando algo los sobrepasa; y... tantas cosas más, por ser diferentes en su condición tan particular ¿todo lo que pudieran escribir pudiera tomarse como pretencioso o predecible?

Fue ahí cuando me di cuenta que cualquier cosa que pueda escribir ya está dicha; no estoy jalando el hilo negro de nada. Sólo lo hago para ya no tener que vomitar. También porque confío cada vez menos y esto es más una válvula de escape de mí misma.

Hablar de amor es cliché; es pretencioso; es plano y, para los no involucrados, puede ser soso y aburrido, en ese punto puedo darles la razón a algunos. Mientras tanto todavía estoy pensando en si algún día daré a conocer cómo quiere alguien así... como una. Que es neófita en casi todo e ignorante en mucho más.

Hay quienes dejamos la locura diagnosticada a un lado para dar paso a otro tipo de locura, esa riesgosa pero que a veces vale la pena: amor le dicen.

Tómese el tiempo; no siempre es malo. Es bonito cuando las partes están en sintonía. Y si le va mal pues enloquezca y escriba lo que le plazca.

En fin, del suelo o del cuarto con colchones en las paredes no pasa.


P. D. No más posts de amor porque se me perdió en la central del norte. Ya después.

1.8.13

Caucho.

Hay un pedazo de caucho en forma redonda, inflado con algún tipo de aire entre un terreno con hierba que no ha sido podada en largo tiempo. Es simplemente caucho en medio de la maleza de unos 10 centímetros de alto.

En ese momento pasa un montón de adolescentes que ven el caucho abandonado entre la nada. Comienza uno dominándolo, la pasa al de al lado y remata con el otro para darle un cabezazo'. El pedazo de caucho se convirtió en un balón y ha puesto en movimiento a todos; una cosa lleva a la otra. Comienza a llover y el movimiento se acelera; no huyendo de la lluvia pero sí jugando con ella.

Jóvenes; con vida, energía, ganas, ideas, sueños, imaginación y voluntad para cumplirlos. Porque cosas tan triviales como encontrar un balón; una laca; el momento ideal para una foto; el aislarte del mundo con un par de audifonos; el simular que tocas la batería mientras caminas a tu destino; el escribir en el aire en cursiva porque no puedes hacerlo en una libreta; el sonreír tontamente sin algún motivo; crear lo que ya está creado pero ahora a tu manera; todo puede hacer la diferencia.

El movimiento no es sólo físico; va desde la retina hasta el dedo que escribe en el aire y la fuerza que usas para gesticular cuando la canción que ibas tocando remata perfecto. El movimiento está incluso al respirar para exhalar y hacerte sentir que tus pulmones y tu corazón también se mueven.

El movimiento eres tú porque a final de cuentas, tú dominas el balón.

"Now, hit the road, Jack. And don't you come back no more, no more, no more..."

Pero ni para ver qué dejas atrás.

30.7.13

No crezcan, es una trampa.



"If the children don't grow up, our bodies get bigger but our hearts get torn up..."


Cuando era niña y veníamos a D.F., mi papá amaba tomar el metro; yo no.

Tendría 8 o 9 años la vez que conocí una estación, no recuerdo cuál era pero trasbordamos. En ese entonces ya tenía la imagen del señor cantando Bohemio de Afición en Guadalajara pasando su gorra por los asientos a cambio de dinero. Yo tenía cuatro años, casi cinco, y el coche estaba descompuesto por lo que debimos tomar un autobús. No entendía por qué algo que yo hacía todo el tiempo (porque en verdad así era) por puras ganas y gusto, alguien debiera hacerlo para comer. Fue en 1988 cuando mi cabeza se hizo nudos por tratar de entender que no todos vivíamos igual; de ahí el detonante para cuestionar todo: una niña con una vida fácil viendo a alguien que sabría dios (si existiese en aquel entonces también o sólo sea una moda hoy) con qué tendría que lidiar para poder pasar al día siguiente.

Retomando a la ciudad de México... Yo no había cumplido los nueve cuando nos trajeron a Reino Aventura, sí, todavía existía. Conociendo no sé porqué casi a la perfección todas las rutas y nombres de calles y avenidas, mi papá nos movía en metro porque "esto es de las mejores cosas que puede haber en una ciudad", decía. Donde él veía modernidad, eficiencia, rapidez, economía entre muchas más ventajas (que no niego); yo veía lo que había visto cuatro años antes: pobreza, disparidad, desigualdad y demás fatalismos que a mi enana vida podría notar: niños subiéndose a vender dulces, señoras con bebés en la espalda haciendo lo mismo, gente dormida en los vagones y otros borrachos tirados en los pasillos. Parecía que papá y yo no estábamos viajando en lo mismo. Parecía que estábamos en ciudades distintas. Aún así amaba venir a México, porque así le llamaba yo. Ni Ciudad de México, ni D.F.; era un "quiero ir a México" a secas, como si dentro de esa ciudad estuviera todo el país. Para mí así era.

Siempre he visto el vaso 10 mililitros medio vacío. En fin, esta no es la historia del porqué no soy amante del transporte público o algo parecido.

Hace menos de cuatro días usé el metro porque cuando es necesario -aunque no me guste- lo uso. Fue ahí, pasadas las 6 de la tarde cuando se subió una familia en la misma estación que yo y fue como si yo estuviera dentro de su escena: papá, mamá, dos niños de entre 9 y 11 años y otro, también varón, de cuatro años a lo mucho. Yo iba en medio de los cinco integrantes, era un extra; el más pequeño iba sujeto al tubo y a la mano de su papá; la mamá a un lado mío y los otros dos niños adelante de mí. Yo entrometida escuchaba todo lo que decían. Era sábado de aprender a usar el metro por lo que pude escuchar; el papá les preguntaba por una estación y al niño que contestara primero y acertadamente no sé qué premio le daría. La mamá los veía y no la vi dejar la sonrisa ni un momento. De repente el hijo menor iba a caerse y se agarró de mi falda, la bajó un poco, nada escandaloso. Me pidió disculpas el señor, los otros niños se rieron, y cuando menos me di cuenta ya estaba junto con ellos viendo el mapa de las estaciones y sonriendo a la par con la mamá. Es la cosa más bonita que he visto en el, no tan querido de mi parte, oruga naranja. Fue la primera vez que no lo vi como algo tortuoso o sacrificado; la primera vez que quise irme hasta donde terminaran su recorrido para poder verlos jugar pero Isabel La Católica ya estaba esperándome.

Quizá si mi padre hubiera hecho algo parecido en mi infancia, yo tendría nostalgia y no melancolía al recordar esa experiencia.

Quizá para esos niños va a ser uno de los mejores recuerdos que tengan con su papá. Quizá yo voy a estar en uno de ellos como la señorita a la que le bajaron la falda, dentro de quince años.

Mis ridículos siempre valen la pena. 



"Someone told me not to cry..."

En serio, no crezcan. Es una trampa.

24.7.13

Su monólogo, casi.



"It's not time to make a change, just sit down, take it slowly. You're still young, that's your fault, there's so much you have to go through..." 


La era digital nos alcanzó al punto de estar al mismo nivel viejos y jóvenes. En una plática por medio de esas aplicaciones que están en boga con los teléfonos inteligentes comenzó mandándome fotografías de un árbol tirado a la orilla del mar con un camino de huellas que se veían venir. Eran sus pies los que lo habían trazado sólo para tomar una fotografía: "de esas bonitas que cuando vuelvas a tener una cámara, tomarás de nuevo", decía.




"Hija, hoy el mar me despertó muy temprano, andaba inquieto. Ya mejor me levanté y me salí a caminar junto a él a ver si se tranquilizaba", fue su primera nota a eso de las ocho de la mañana, precedida por la foto mencionada.

"Te envío la huella de mis pies junto con un árbol viejo, como yo, que algún día fuimos fuertes y ahora nos quiere arrastrar la corriente como algo que ya no sirve", segunda nota.

"Voy caminando solo a la orilla del mar con esta olas encrespadas, como queriéndome llevar pero todavía no es el momento", tercera nota.




Yo no podía contestar; era la primera vez que mi viejo me ganaba en palabras y yo no podía refutarle nada. Mis dedos estaban callados y yo probando agua con sal para no llorar mientras lo leía.



"Quisiera estar ahí, perdóname", contesté.

"Y aquí sólo faltas tú para que hubiera sido perfecto, pero como dices; lo perfecto no existe porque qué aburrido, ¿no? En fin, hija, ya tendremos tiempo, porque lo habrá ¿verdad?", cuarta nota.

"Te lo juro por lo que tú creas sagrado y sabes que no juego con eso", dije.

"Te creo entonces. Te dejo que trabajes, tú déjame pensar ahora que tengo tiempo. ¿Vas a escribir de esto verdad? ¡No te conociera! Lo bueno es que tus letras siempre son bonitas", quinta nota.




No escribí nada, papá. Copié y pegué la conversación que tuvimos (tuviste) por medio de esa cosa del diablo, como tú sueles llamarle. Yo fui un interlocutor casi monosilábico, me dejaste seca, sin palabras, no lo vuelvas a hacer porque me rompo y estoy muy lejos para que puedas componerme.  



"Now there's a way and I know that I have to go away. 
I know I have to go"




Siempre abriéndome camino. 

21.7.13

El primer suicidio.

Ya no sabía qué día era.

Había sido tanto el tiempo encerrada que, dado que en el cuarto donde estaba no había tragaluz alguno, no tenía noción del tiempo, sólo del espacio que era en el que se había conducido en ese lapso. 



"Wine is fine but whiskey's quicker, suicide is slow with liquor, take a bottle and drown your sorrows then it floods away tomorrows"




Era su primer suicidio. 

Nada fácil; plantear un escenario fatalista no tiene porqué serlo. Se llamaba Ana, siempre bromeaba con que su nombre era corto como lo sería su vida. Iba a cumplir 26 en medio mes pero nunca le gustó celebrar; quiso ganarle al tiempo y al parecer lo logró. Como un anciano preparándose ante su partida; hizo todo para no provocar conflictos después de muerta; pagó deudas, pidió perdones, perdonó también, dijo los te quiero que creyó pertinentes y les alegó a los que sabía que la querían que debía hacer un viaje de trabajo y podría estar incomunicada por lo que no les pareció raro pues estaban avisados. Además: "Ana es una loca, pero siempre vuelve", decían.

Tenía tiempo pensándolo pero sólo de hacerlo se sentía culpable. Era su momento; estaba bien en todos los aspectos de su interés excepto uno: vivir. El tedio que le provocaba comer, dormir, despertar, bañarse o cualquier cosa perteneciente a una rutina la sobrepasaba. "¿De esto trata la vida?", se lo preguntaba a diario.

Un día pasó por una licorería y compró una botella de whiskey, tenía frascos de pastillas para dormir y sabía qué hacer. Aunque también sabía que podía fallar y lo último que quería era vegetar hasta que, ahora sí, de manera natural pasara lo que ella ya esperaba esa noche, por lo que disolvió kilo y medio de sal en agua de limón y lo bebió. "No vuelvo a suicidarme, a la próxima prefiero tomar tres litros de bilis", dijo.

Pasaron tres horas. Tres en las que estaba entredormida y con la presión al suelo por el exceso de sal. Pensó en todos y en todo. Lloró, vio fotos, escribió, se arrepintió por un momento pero la decisión ya estaba tomada y en marcha. Se puso el vestido que más le gustaba y se arregló como si fuera a salir. Se recostó en posición fetal, con el rimel corrido de las lágrimas que se habían colado. Mientras, esperaba con música de fondo desconocida para no hacer asociaciones en su próxima vida. Ahí se perdió en las horas y durmió... como tantas veces lo había pedido. 

"Made your bed, rest your head..."



Después de tantos días de cautiverio; tomó sus llaves, sus audífonos y salió a caminar como si todo fuera nuevo. Le fue demasiado pesado escribir su primera historia con final triste -aunque feliz para Ana- pues era lo que ella buscaba.

Ana no volvió. Le ganó al destino, a la vejez y a la vida...

¡Oh, Ana!



"Where to hide, suicide is the only way out, don't you know what it's really about"

14.6.13

Rob...

"Every minute after midnight All the time I'm spending Is just for workin'on my rewrite Gonna turn it into cash..."

Yo no sé qué vi.

Tampoco sé si lo soñé o si estaba esperando el efecto de las pastillas. No sé si mis ganas de sentirme aferrada a algo, mis ansias de pensar que mis raíces -aunque lejos- seguían conmigo, hicieron que imaginara lo que ahí había.

El lado izquierdo de la cama suele ser mío, al menos al acostarme pues siempre despierto como Cristo invertido. Mi casa provisional (a la que le llamo madriguera por sus 30 metros) la recibí con un sillón duro como mi cabeza, un buró y un escritorio; mi escritorio.

Es un espacio raro. Cómodo, con un pedazo de patio que da lugar a un tragaluz y no sentir que estoy 'en un cuarto subterráneo para estar lejos de Dios y con la cara finísima de la soledad'. Sí, estoy sola pero no solitaria; siempre algo me acompaña.

Uno no se conoce hasta que se sabe solo. Pero solo en serio. A nueve horas de la gente que no importa en qué tanta mierda te metas, soportarán la pestilencia y hasta ayudará a salir limpio. Cuando un teatrero me dijo 'mucha mierda' yo también di por hecho que me deseaba éxito pero igual soy una excepción. Quizá en verdad todo se va a ir acomodando y me voy a reír de esto en unos meses: siempre se pasa, yo nomás' respiro profundo.

Después del intro con desviación hacia una nada, retomo: mi escritorio.

Mi escritorio tiene un nombre pero sólo yo lo sé porque uno ya está etiquetado de loco como para andar dejando asentado para la posteridad que así es.

Mis causalidades fueron muchas. Desde comenzar en la última página en los anuncios; hablar de urgencia con el arrendador y pasar el casting' que éste nos hizo a los candidatos para ver quién se quedaba con el espacio. Me quedé yo de cuatro que ahí estábamos; que el edificio donde -por ahora- laboro esté exactamente a 5 minutos, estar junto a un bar y, la causalidad más bonita: mi calle se llama Tolstoi, soy vecina de Dante y a una vuelta me esperan Víctor Hugo y Leibnitz.

Esa noche, para variar, yo no dormía. Esperaba a que las  dormitivas' hicieran lo suyo y poco a poco fui cayendo. Así, como un perro que se resiste a los efectos de la anestesia, entreabría los ojos pero no cedía.

Entonces te vi; sentado en mi silla, en mi escritorio y, lo más descarado, con mi libreta amarilla y la única pluma que llevaba. Lo único en lo que pensé es en que se iba a terminar mi tinta o que arruinaría mis apuntes. No hubo susto porque yo no sé qué tan conciente estaba pero te veía escribir, o mover la pluma como si eso hicieras, luego arrancabas mis hojas y las tirabas al suelo. Pregunté quién eras y qué hacías, ya no en mi casa, ¡en mi escritorio!, y me dijiste que para estar soñando hacía muchas preguntas. "Estás en mi espacio, lo menos que merezco es una respuesta", contestaste: "soy Rob' y estoy tratando de terminar algo, no necesitas saber más". No hablé más y lo dejé que usara mis cosas.

Rob era un tipo, entre sombras fue lo que noté, de cabello rizado, robusto y dado que estuvo sentado no noté si era alto pero su tronco indicaba una estatura promedio. Usaba una camisa oscura con los puños arremangados y tenía un tatuaje en la muñeca izquierda de un símbolo que desconozco. Era zurdo.

No hablé más y ya no supe a qué hora dormí. A la mañana siguiente estaba mi libreta abierta en una hoja que sólo decía 'Rob' con letra que no parece ser mía. Mi lógica dice que me levanté sólo a escribirlo para recordarlo al día siguiente; es lo más conveniente de pensar o ya no querré vivir sola.

A veces, cuando ya ando por la fase dos del sueño, siento que mi almohada (la que no uso) se hunde pero me ignoro porque a lo mucho sería un Rob confianzudo que se cansó de escribir y decidió recostarse.

Esa misma noche, cuando logré dormir: Sebastopol fue todo mi escenario. Ese Tolstoi tan explícito, con su tanta sangre, sus tantos caídos. Y mi tanto trauma.

Vamos a escribir hasta que se vuelva rutina. Vamos a escribir hasta que sea necesario. Vamos a escribir incluso dormidos. 

"I'm workin' on my rewrite, that's right Gonna change the ending Throw away the title Toss it in the trash"

28.4.13

Sin juicios.

Entonces uno de esos espíritus de vidas pasadas se poseyó de mí y me vi cantando a lágrima suelta Where Did You Sleep Last Night versión Cobain. 

Sentía en el pecho un dolor que no era mío y la sal de la gota que iba cayendo no sabía a mi PH, era menos fuerte. Era un hombre triste y dolido por sabrá Dios qué tipo de engaño pero como buena o mala mitómana me dio pie para inventarme una historia. La más decadente y pesada de las tristezas la llevaba el hombre que estuvo en mí la madrugada del 28 de abril del 2013. Tanta era la melancolía que sentía aquel hombre que no chisté en hacer nada por negarme ¿qué me costaba prestarle mi entidad para que pudiera sacar un poco esa pesadumbre que llevaba a cuestas?

Ya estaba en casa pero seguí sintiéndome afligida, no había ninguna razón para ello pero así era. Me dejé llorar y dejé que él llorara a través de mí. Sollozábamos juntos y dejé que le doliera mi pecho y que sintiera escalofríos en mi piel. A veces me pesa más un desconsuelo ajeno, por lo mismo, porque no sé qué hay de trasfondo. No hablamos; no hablé, sólo pensaba en la necesidad del tipo que buscaba un cuerpo para alivianar una carga, un remordimiento, un arrepentimiento, un hubiera... 

Le puse música para que dejara de hiperventilar y llorara como cuando un borracho vagabundo está lúcido y por primera vez se da cuenta que no tiene o no sabe de dónde sacar opciones. Para que llorara sin recato, sin vergüenza, como si nadie fuese testigo. 




Llore, mi señor, que aquí los verdugos y los jueces están prohibidos.

Llore, mi señor, que alguna vez fuimos niños los dos y yo también necesité que me dejaran sentir a solas, sin cuestionar la gravísima o estúpida razón por la que me creía por debajo de los gusanos. 

Llore, mi señor, que puede que en esa otra vida de la que usted viene seamos conocidos.

Llore, mi señor, que quizá algún día yo iré a llorar hasta donde usted se encuentre.



"Days turn to sand, losing strenght in every hand, they can't hold you anymore..."

 Eran las 5:09 am, seguimos llorando pero ya estamos cansados. Ya casi dejamos ir eso que tanto le agobia. Ya casi. 

25.4.13

Ya.

I'm a little divided, do i stay or run away and leave it all behind? 


“¡Tantos de nosotros nos hemos convertido otra vez en niños! No es que lo hayamos buscado, ya me entiendes, ni que seamos conscientes de ello. Pero cuando la fe desaparece, cuando comprendes que ni siquiera te queda la esperanza de recuperar la esperanza, entonces tiendes a llenar los espacios vacíos con sueños, pequeñas fantasías y cuentos infantiles que te ayuden a sobrevivir.”


Ese día la vi pasar con su sonrisa completa y su mirada como todos los días, carente de algo, de todo diría yo. La señora Rosa camina ya por inercia, porque sabe que debe caminar, comer, dormir y levantarse al día siguiente porque su botón se rehúsa a volver a crecer de nuevo y ella se rehúsa a dejarlo morir: lo alimenta, lo asea, lo cuida, lo mantiene –literalmente- vivo.

Yo iba en el coche y ella caminaba por la acera del frente rumbo al jardín donde duerme su botón. A lo lejos hace el ademán de un saludo efusivo diciéndome adiós, yo le respondí con la misma emoción pero con doble cara; siempre me da gusto verla aunque termino llorando cuando lo hago. Ver a alguien que quiere hacerse pasar como otro alguien que está bien, cuando es del dominio público que es lo contrario, es algo de lo más triste que te hace sentir chingadamente' impotente.


Las historias largas empiezan por pequeños accidentes; los accidentes muchas veces suelen pasar por malos entendidos; los malos entendidos siempre son porque el ser humano es idiota por naturaleza y parece que la vida le dio boca sólo para vomitar veneno olvidando que puede salir un diálogo de ella.


Ya hace tiempo de aquel ‘accidente’. La señora Rosa debe estar cansada; se le nota en el semblante, en la mirada, hasta en la voz. Como si su cuerpo pidiera clemencia al dios en el que ella todavía cree para que esto termine pronto. Los que la queremos, a ella y a su botón, (aunque sea mal visto) muchas veces pedimos por lo mismo, seamos o no creyentes. Ni espinas tiene ya. Los tiempos en los que los caballeros la buscaban por su rozagante aspecto han pasado y al parecer es lo que menos le importa. Ella vive esperanzada a que un día su botón haga un movimiento, dé una señal o muestre un signo de que quiere seguir aquí; y mientras siga absorbiendo el agua que le dan, la señora Rosa seguirá sin mostrar indicios de rendirse.

A veces creo que si me falta esperanza, y creo no ser la única, debe ser porque ella se le ha llevado. Tómela, señora Rosa, al fin que yo no la aprovecho y espero su botón se decida a arraigarse o dejarse arrancar por alguna corriente de aire más fuerte que él llevándolo a donde tenga que estar. 


Y a los demás botones: todo va a estar bien, no lo digo yo; el tiempo sí.



It's times like these you learn to live again
It's times like these you give and give again
It's time like these you learn to love again
It's time like these, time and time again




Pd. Su nombre no es Rosa pero su botón sí existe y sigue sin querer abrirse de nuevo. 



25.1.13

Cuando crezca...


"When I grow up, i want to be a forester run through the moss on high heels, that’s what i’ll do, throwing out boomerang, waiting for it to come back to me"

Llevaba prisa por crecer.

Desde que ese hombre plantó una semilla con la intención de que algún día éste le diera sombra para poder cobijarse en los días de mayo donde la temperatura rebasaba los 30° se cuestionaba por qué el tiempo no pasaba más rápido. No creció solo. Al lado había un naranjo y un limonero que aunque habían sido sembrados con otra intención los cuidaban de igual manera.

Pasaba el tiempo y a pesar de ser el más fuerte era el más inmaduro. Todos los días le preguntaba al naranjo y al limonero si sus ramas se veían más largas, si su tronco era más ancho o si ya tenía algún fruto que quizá no alcanzaba a ver.

Cada año, los otros dos árboles comenzaban a tirar limones y naranjas cuando sus ramas ya no podían con ellos; éste otro seguía preguntándose por qué él ni siquiera tenía el follaje suficiente para dar una buena sombra. A pesar de ello, el hombre seguía cuidándolos con el mismo esmero que cuando los sembró. Los regaba a diario y cada cierta fecha les pasaba una brocha con pintura blanca para que las plagas no llegaran a ellos. Pasaba el tiempo y los que eran niños ya eran hombres que a su vez empezaban a tener descendencia.

- ¿Yo qué hago aquí? ¿por qué yo no me puedo mover? ¿por qué todos crecen y yo no? ¿por qué lo único que hago es tirar hojas cada noviembre?, dijo el árbol.

- Tantos porqués harán que te duelan las ramas. No preguntes por qué, sólo acepta que es por algo. Contestó el limonero.

El naranjo sólo escuchaba las pláticas y era raro que emitiera un juicio. Era frondoso y daba fruto todo el año. Los niños preferían jugar alrededor de él y hasta la abuela optaba por poner la silla de mimbre bajo su sombra. Luego, cayendo la noche tomaba unas hojitas para hacer un té y se metía a la casa.

El árbol siempre de pie pero con toda el coraje en su tronco que había guardado hacia el naranjo fingía que no pasaba nada. El limonero se daba cuenta de todo pero estaba confiado porque creía que no corría peligro el naranjo estando vivos pero inmóviles.

Un día a principios de agosto se anunció una fuerte tormenta proveniente del Pacífico. La familia tomó todas las precauciones quedando lejos del patio por horas.

El aire era tan fuerte que por un momento el árbol se sintió libre, tan libre que aprovechó la oportunidad para balancearse y lograr topar con el naranjo haciéndolo que cayera.

El viento y la lluvia cesaron. La familia salió a ver sus árboles y para su sorpresa: el naranjo por proteger al limonero sacó sus raíces del piso cayendo sobre el árbol.

El limonero sigue dando frutos; el naranjo pudo ser sembrado de nuevo y poco a poco va reavivando y ¿ves esa bonita banca entre los dos otros árboles? Caben tres o cuatro personas para oler cítricos toda una tarde de mayo sin tener que buscar sombra. 

Tan bonito el árbol que tomó forma de banca donde caían hojas de naranjo y de limonero para los tés de la abuela. Tan bonita banca, tan útil y tan simple.

Al fin se sintió parte de algo.





A veces escribo sobre árboles también. O sobre lo que sea.
Más importante que llamarse Ernesto, es elegir la banda sonora de tu vida.